Nunca me dice ven, siempre se hace esperar, de noche como un sueño tarda en venir, dibuja nubes con saliva y carmín, cobra caro cada abrazo que da, no acostumbra a fiar.
Me canso pronto de todo.
Mi cerebro fluctúa entre dos extremos sin una ecuación válida.
Soy descuidada y nunca guardo nada para las vacas flacas.
Ni siquiera soy graciosa.
Mi alma y mi voz son de cristal.
Y mi corazón está lleno de remiendos...
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