Le di mis noches y mi pan, mi angustia, mi risa a cambio de sus besos y su prisa; con ella descubrí que hay amores eternos que duran lo que dura un corto invierno.
Me canso pronto de todo.
Mi cerebro fluctúa entre dos extremos sin una ecuación válida.
Soy descuidada y nunca guardo nada para las vacas flacas.
Ni siquiera soy graciosa.
Mi alma y mi voz son de cristal.
Y mi corazón está lleno de remiendos...
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