No calles. Cuando callamos matamos palabras, y ya sabes, todos tenemos un cupo. Atesorarlas es una cosa, para cuando hagan falta, mantenerlas en ámbar protector para su futura presentación en sociedad, y que lleguen hasta donde deben llegar. Pero callar… casi puedo escuchar el grito agónico de civilizaciones enteras de posibilidades extintas por el silencio. Tus palabras son interminables. Sin límite porqué se puede caminar por ellas hasta la línea del fondo y volver si es preciso, hasta encontrar tu aliento empujándolas a un nuevo desafío. No calles.
No te llenes los ojos de silencio.
miércoles, 1 de abril de 2009
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