Llegaste en cuarto menguante a mi lado y con la luna llena me dijiste adiós. Seguiste ese rastro de migas de pan olvidado, de migas de pan que nadie siguió.
Me canso pronto de todo.
Mi cerebro fluctúa entre dos extremos sin una ecuación válida.
Soy descuidada y nunca guardo nada para las vacas flacas.
Ni siquiera soy graciosa.
Mi alma y mi voz son de cristal.
Y mi corazón está lleno de remiendos...
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